4 de noviembre de 2008

Tras unos ojos

Después de esas palabras dichas en silencio y una sonrisa que no terminaba de dibujarse, se veía tu pena, fue una lástima pero tuve que seguir sonriendo pues más de algún invitado requería mi atención y hoy tras cerrar los ojos y repasar aquellas imágenes volví a descubrirte triste y quise entender los motivos. La falta de práctica me impide ver más allá de las imágenes y escuchar tras los silencios. Hace un tiempo que estamos lejos, con una cercanía que pone barreras y a veces, tras un momento de cordura vuelvo a recuperarte, quizás deba decir de locura, pues toda mi vida ha sido una locura. Vuelvo sobre tus ojos tristes, sobre aquellas palabras apenas musitabas, dichas en cierto modo para ser olvidas y sin embargo tras la luz fugaz que se cuela por mi ventana, vuelven una y otra vez, quizás no pronunciaste el suave conjuro del olvido o dijiste las palabras equivocadas o una mezcla de ambas. No quiero indagar en las razones que tengo para retener tus ojos tristes, no intento traducir los silencios, sólo quiero ver que tus ojos brillen de nuevo. Te repito que he perdido casi todos mis poderes y no estoy para traductor de ojos tristes ni para escuchar en cada silencio. Perdóname hoy.