4 de noviembre de 2008

Tras unos ojos

Después de esas palabras dichas en silencio y una sonrisa que no terminaba de dibujarse, se veía tu pena, fue una lástima pero tuve que seguir sonriendo pues más de algún invitado requería mi atención y hoy tras cerrar los ojos y repasar aquellas imágenes volví a descubrirte triste y quise entender los motivos. La falta de práctica me impide ver más allá de las imágenes y escuchar tras los silencios. Hace un tiempo que estamos lejos, con una cercanía que pone barreras y a veces, tras un momento de cordura vuelvo a recuperarte, quizás deba decir de locura, pues toda mi vida ha sido una locura. Vuelvo sobre tus ojos tristes, sobre aquellas palabras apenas musitabas, dichas en cierto modo para ser olvidas y sin embargo tras la luz fugaz que se cuela por mi ventana, vuelven una y otra vez, quizás no pronunciaste el suave conjuro del olvido o dijiste las palabras equivocadas o una mezcla de ambas. No quiero indagar en las razones que tengo para retener tus ojos tristes, no intento traducir los silencios, sólo quiero ver que tus ojos brillen de nuevo. Te repito que he perdido casi todos mis poderes y no estoy para traductor de ojos tristes ni para escuchar en cada silencio. Perdóname hoy.

22 de agosto de 2008

pense en ti

Ayer pensé en ti y sentí nostalgia. Una sonrisa iluminó mi rostro y recordé momentos hermosos. La vida quizá es eso: un continuo recordar, vivir para volver a estar en esos momentos sin poder editarlos. A veces pienso que deberíamos poder editar todos los hechos de la vida, pero nuestro poder no alcanza para cambian un ápice lo que hemos hecho. Creo que es una injusticia: estamos condenados a revivir sin alterar, no se nos permite, pero puedo volver a ver tus ojos, tu mirada y sentir que me quieres como ayer, que no sólo ocupo un espacio en tu memoria, que no sólo estoy en un periodo de tu vida. Te abrazo con mis recuerdos. Pensé en esos paseos por esas calles; las calles de las miradas, en que con toda seguridad te sentías una reina y tu cara irradiaba luz y que provocaba envidias, esas calles que eran escenarios con miles de extras libres y a la vez presos de nuestra presencia bajo un director que dirige tras bambalinas y que jamás sale a escena y que sin embargo exige en cada escena y no permite que se cambien nuestras líneas. Así quedaran por siempre.

Perdóname

Lleva sentada más de dos horas! Esperando una cita que nunca se ha de concretar porque no tiene las agallas para mirarte de frente y decir que no hay nada que conversar. Pienso en todo y quisiera no estar en su lugar: horas perdidas. Quizá, unos niños cansados llegan de la escuela y ella piensa una y otra vez en ellos. Con su pensamiento recorre sus manos, se detiene en sus ojos, en su sonrisa, en la vida misma. Vuelvo y veo sus ojos y siento vergüenza ¿Cómo le cuento que la cita no se concretará hoy y quizá nunca? ¿Quien soy para juzgarte? No puedo mirar tu cara sin pedir perdón por ti, aunque ahora te sientas poderoso, bien sabes de las vueltas de la vida...

8 de agosto de 2008

del facebook

Son millones las personas que están fascinadas con el facebook y no faltan quienes lo consideran lo máximo y viven pendiente de una cacería de amigos como si el asunto se trata de una competencia de quien tiene más y otros tantos piden que les "sugieran" amigos. Yo que siempre he desconfiado de estas cosas me tomo el asunto con calma y desde luego que si me piden que me una a un grupo, lo hago con una sonrisa previa, total, con un pequeño clic podemos hacer feliz a alguien. Pero mas allá de las luchas y del pavoneo de algunos, el facebook no es mas que un simple resumen de las personas que uno conoce o se relaciona, es decir, su utilidad radica en que puedes ver reflejado en pantalla tus relaciones sociales, pero en ningún caso las cambia o la altera, pues uno se sigue relacionando del mismo modo con las personas que aparecen etiquetadas como "amigos". Es una mera lista indicativa que se compone de amigos, conocidos de diversas clases y desconocidos que se agregan por extrañas razones, todos ellos componen ese universo virtual que nos conduce en nuestra existencia.

25 de abril de 2008

Suerte

"Tienes que darte con una piedra en el pecho" me dice frecuentemente, en tono de broma, un amigo, creo que no deja de tener razón, pues tengo la suerte de vivir en un país que es "el niño rico del curso" o mejor dicho el "niño bien" en medio de un "barrio callampa". Varios indicadores nos sitúan por sobre nuestros vecinos y somos todo lo que ellos quieren: una economía floreciente, orden fiscal, inversión, libertad de inversión, libertad para arreglines "legales" (en medio de tanta maravilla no se nota si uso un auto fiscal para transportar mis frangüesas), un gobierno estable, presidente mujer, aunque eso ya no es una exclusividad, dinero para regalar en la proximidad de las elecciones, bonos para esto y para lo otro, representantes "propios" en cada institución para que defiendan nuestros intereses, obras públicas por montón, sean estas verdaderas o un montaje, a veces no se sabe si realmente existe o no, pero eso es un mero detalle y un descalabro de precios que no se nota, pues los que deciden tienen de sobra como para no sentir la angustia del sobre endeudamiento o de la falta de recursos o cuando no hay mas opción que una taza de té y del peor. Tengo la suerte de vivir en un país donde nos damos gustos de ricos, nos ocupamos de "grandes problemas", "grandes opciones", de esas que nos hacen salir a la calle para protestar por un fallo que no nos gusta e intentamos que se haga nuestra voluntad a como dé lugar, para eso somos solidarios, progresistas y todo lo que se lleva y es políticamente correcto, los verdaderos problemas quedan para "después". Tengo la suerte de vivir en un país donde la suerte cambia a cada rato pues hoy se me respetan mis derechos fundamentales, quizá porque tengo esta suerte, pero si fuera "chino" no la tendría, me encandilo con los millones y dejo de ser el icono de los derechos humanos por unas tres chauchas. Esa es mi suerte.

11 de abril de 2008

Amor y odio

Amo esta ciudad y al mismo tiempo la odio con todo mi alma, si es que a este sentimiento que tengo se le puede llamar odio. Acá encontré a mis amigos, amigas, el canto del mar, ese eterno jugueteo de las olas (¿serán las mismas olas las que juegan con la arena o tendrán una especie de turno?) Amo esas calles que suben al cielo, que bajan con dolores al mar y que suben nuevamente con esperanzas y que se funden en escaleras, en pasajes, en las piernas de las porteñas o en los vagabundos o el los buques que descansan y duermen su siesta. Amo ese desorden, ese inimaginable desorden, pero odio todo esto. ¿Las razones? No hay razones, es simplemente así. Punto.

10 de abril de 2008

Sinceramente...

Sinceramente digo que mi corazón no pertenece a persona alguna y que mis ojos sólo ven las estrellas y que cada noche me parecen menos. Sinceramente digo que el corazón no puede estar partido por el intento del olvido o el intento de encadenarte al pasado, simplemente todo es presente. Sinceramente gracias a todos.

6 de abril de 2008

Abandono

Con frecuencia las personas terminan abandonando lo que quieren, pero una cosa más compleja pasa cuando el "abandonado" eres tú. Recuerdo muy bien esas palabras que se dicen al vuelo o al calor de una velada y que ahora ya no suenan en los oídos. "No si vamos a ser amigos por siempre" "Te quiero tanto amigo" "Amigo, eres lo máximo" Si, todo es verdad hasta que el tiempo borra mis número telefónico o la dirección de correo o hasta que las innumerables cosas que tienes que "hacer" copan tu agenda. Si es verdad, tienes muchas cosas que hacer, pero es verdad también que anduviste en el emails y no hubo un "hola, cómo estas" "Te quiero, no te olvido" Hemos perdido el tiempo diciendo que nos querremos por siempre, cuando en verdad sé que no estoy en tus pensamientos ni en tus ratos libres. Es simple, pero nos pasa lo que a todos: nos hemos abandonado.

4 de abril de 2008

Libreta Negra

En mis días en Buenos Aires visité una gran librería en calle Santa Fe: El Ateneo, un antiguo cine convertido en un lugar impresionante. Ahí encontré una pequeña libreta negra, sencilla, pero muy hermosa. Es extraño, me sentí poderosamente atraído por ella y pensaba anotar todos mis pensamientos más secretos, aquellos que no se pueden o no se deben contar. Me imaginaba que ella pasaría a mis amigos y en una de esas, a alguien se le ocurriría publicar aquellos garabatos. ¿Qué anotaría en esa libreta? Los nombres de mis amigos, amigas, crónicas de viajes, los besos robados, besos regalados y las sonrisas y también las estrellas que he visto en los ojos de la única persona que he amado en la vida o las palabras que me ha dicho o simplemente las sonrisas que me ha regalado y todas aquellas que yo no regalé, los días de lejanía, los días de tristeza, los días de soledad, los días de furia, de pereza, simplemente los días. Anotaría el número de las noches en que su figura me arrancó un "Gracias Dios mío, sé que no merezco esto y sin embargo está ahí. Gracias Dios". ¿Y las aves que vi perderse en su mirada? ¿Y los ladridos del perro? ¿Y los cantos? Pensé entonces que era mejor anotar eso en mi memoria y que una vez al mes iría a mi libreta virtual para volver sobre esas páginas escritas ahí, lo único malo es que cada vez que lo hago puedo ver su rostro tan nítido como si el tiempo no hubiese pasado y repaso su sonrisa, sus manos, sus ojos y me duermo en ellos hasta despertar en la nebulosa que es mi vida. ¿La pequeña libreta del Ateneo de Buenos Aries era mágica? ¿Por qué pensé en aquel entonces que toda una vida cabía en unas cuantas páginas?

2 de abril de 2008

Roma eterna

Hoy se cumple un año más de la muerte de Juan Pablo II. Tuve la oportunidad de verlo varias veces y yo diría que fue un regalo inmerecido para mi. La primera vez que lo vi fue en La Serena, por estas mismas fechas, y tengo que reconocer que no sabía mucho del Papa, sólo que era una visita muy importante y que era el Papa. Fue una mañana calurosa. El lugar donde estaba ubicado jamás me permitiría ver a Su Santidad de cerca, así que me dediqué a dar vueltas o simplemente a cantar o conversar. Al medio día, pude avanzar un poco, pues todo el mundo se desordenó y ahí me situé al lado de un camino ripiado por donde se suponía, pasaría el Papa. Pasaron las horas y de un momento a otro todo el mundo se agitó y corrían y cantaban, era extraño. El papa móvil avanzaba despacio, lo podía ver a lo lejos, pero muy difuso, su rostro, su figura era borrosa y ahí me vino una decepción grande: el Papa no se veía a pesar de que estaba aferrado a la reja, pero a medida que avanzaba podía verlo claramente y era impresionante lo que sucedía, jamás había visto a alguien tan contento, fuerte, era como un imán. Aún recuerdo aquella imagen para pensar que a las grandes personas se les conoce de apoco, un instante no basta.
La segunda vez que pude verlo fue el Roma, trece años después, ahí entendí porqué Roma es Roma, no puede prescindir de su gran tesoro: el Papa. Ese día fue uno de los más felices de mi vida, habían pasado trece años y era como si el tiempo no había pasado y ahí estaba Juan Pablo con su cariño, con su amistad, porque en verdad era una amigo, a pesar de que eramos miles todos sentíamos como si estábamos en un pequeño grupo riendo, cantando, conversando como en cualquier fiesta, nadie era un invitado extraño. Ese año pude verlo dos veces más: una en Tor Vergata, en la Vigilia de la Jornada Mundial de la Juventud y la otra en la Misa de clausura. Esa vez sucedió algo insólito. Llegamos a eso del medio día a Tor Vergata, un parque inmenso marcado por pequeños maderos con diferentes colorees. El nuestro el gris. A lo lejos se veía una cruz que indicaba el escenario donde estaría el Papa, pero era mejor no hacerse muchas ilusiones, con suerte podríamos tomar ubicación ante una pantalla gigante, de las muchas que estaban esparcidas por el campo. Así pasaron las horas. A eso de las tres llegaron unos amigos que tenían unas entradas para palco, es decir, un lugar cercano al escenario junto a Juan Pablo II. Nadie lo creía, pero así todo decidimos ir a ver que sucedía. Caminamos media hora o más hasta llegar a un estricto cerco, ahí nos desprendieron de botellas y los palos de las bandera y luego de un chequeo prolijo pudimos entrar. Volver la mirada atrás y ver a toda esa gente era impresionante, impagable y me preguntaba que había hecho para merecer tal regalo, sólo Dios lo sabe. Fue unas horas felices. Recuerdo aquellos rostros, tanta alegría, tanta paz. Cuando llegó Juan Pablo, todos corríamos y ahí estaba nuevamente feliz, tan feliz como nosotros.

Siglos esperando

Sigo acá esperándote. Quizá en algún momento te recuerdes de mi o quizá no quieras hablar de las cosas que pasaron o de las que podrían pasa, pero sigo esperando.

La espera, es una de las cosas más difícil que existen, uno nunca sabe como va a resultar, podría ser que fuera un perfecto fiasco o simplemente maravilloso. No hay una espectativa cierta sobre los sucesos o puede que nunca lleguen y todo el tiempo, sea sólo eso, tiempo.

9 de febrero de 2008

Mi amiga, la tele y yo!

A propósito de un pequeño suceso acaecido hace un par de días es que le he dado vueltas a una idea que me viene rondando: la comunicación. De pequeño con frecuencia escuchaba a mi padre hablar de difrentes temas y sobre todo de aquellos en que tenía competencia y también lo vi escuchar atento una conversación sin sentido, así lo pensaba en aquellos días, ahora veo que detrás de esos intentos por mantener una conversación sobre cosas sin importancia servía para ejercitarnos en la "sociabilización", dicho de otra forma, nos ejercitabamos para conducir una conversación y cuando "los grandes" hablaban uno debía permanecer callado a menos que se nos solicitara nuestra opinión y tantas en las horas de la comida se conversaba y a nadie se le ocurría invitar a la televisión a aquellas tertulias. Recordando aquel hecho a que hacía referencia al principio, me pregunto si somos capaces hoy de tener una buena conversación, compartiendo desde nuestra experiencia de vida o simplemente nos movemos por un afan individualista que nos hace incapaces de compartir nuestras ideas, hechos que hacen necesario invitar a la televisión para que llene ese vacío. Tengo que reconocer que me gusta conversar o al menos intentar conversar o mismo como disfruto escuchando y se hace tantas veces confrontar las ideas y reforzar la idea que de todo no es blanco o negro, sino que hay matices. Un amigo, al que respeto y quiero mucho y con el cual bromeo sobre las cosas más insólitas, una vez me decía que la con la televisión nos mantenían enajenados, "dopados", mientras menos nos cuestionemos las cosas mejor, mayor beneficio, la idea es, al parecer, adormecer la conciencia, que perdamos esa "capacidad de escándalo" malamente atribuida a los sectores más conservadores de la sociedad, mientras más "perreo", farándula (de la mala) y carne mejor, mayor efecto, mientras las cosas pasan ante nuestros ojos como una imagen difusa, incapaz de producir un pequeño remezón en nuestras conciencias. Me gusta ver televisión, lo admito, pero cuando estoy con algún amigo o amiga, la sola idea de integrar a la televisión, me parece algo muy fuerte, pues creo que como persona no soy capáz de ser tan interesante para los otros que se hace necesario esa medida. ¿Triste verdad?

23 de enero de 2008

La idea

La idea es que tu me mires y te pongas roja cada vez que pronuncie tu nombre y lo repita mil veces despacio, muy despacio, como si te dibujara con los labios, como si te soñara despierto. La idea es que tu me mires y me muestres esos dientes blancos y me vuelvas a sonreír pronunciando palabras irrepetibles, que me indiques con las manos como debo tocarte, como debo desplegar mis caricias en tu cuerpo. La idea es que me grites para despertar en tus besos. Es la idea. Pero en todos los casos es sólo una idea, porque lo nuestro esta prohibido para siempre y esta cubierto con el velo del sueño, con un manto de misterio. La idea, es que ahora pienses en, mí te sientas una princesa, sí, de esas con corona y vestido blanco, de esas que corren por el prado y que se sumergen en sus pensamientos y luego desaparecen. La idea es que vuelvas a reír y pienses que estoy enamorado y lo medites una y otra vez y lo sueñes y lo creas. La idea es que veas una estrella y pienses en que debes tener una y te sonrojes por ese hecho, que tu voz tiemble y que te estremezca viéndolas, imaginando que en algún momento tú serás dueña de mi corazón, dueña de mi alma, dueña de mi tiempo. Es la idea. Que lindo que es soñar.

16 de enero de 2008

A un paso de la felicidad

Cuando uno es niño quiere ser grande y cuando ya somos grandes, ya no queremos ser lo. Añoramos a ese niño que eramos, las cosas simples, los juegos que ahora nos hacen reír o simplemente aquellas travesuras o las cosas que se han quedado en nuestros recuerdos, como aquella vez en que se hacía por primera vez la escuela de verano en la Parroquia y nos llevaban de paseo casi todos los días y ese día cuando cerraron la calle y pudimos comer un pedazo de torta grande, pues antes de eso siempre fue un trozo pequeño. Los ojos se iluminan con esos recuerdos y al cerrarlos volvemos a ver a ese niño que fuimos. Entonces las estrellas eran sólo eso, estrellas y no andábamos regalándolas, simplemente colgaban del cielo. El corazón ahora se agita cuando pienso en todo el tiempo que perdemos en cosas innecesarias, sumidos en el dolor porque no sabemos vivir de otra manera o con la desesperación de no alcanzar nuestras metas y ese afán de algunos por imponer su criterio o esa actitud de otros de seguir siendo patrón de fundo, o de aquella verborrea y risas forzadas, sin saber que estamos a un paso de ser felices. No hay recetas generales para ser feliz, para lograr que nuestros ojos se iluminen, para que esa sonrisa que tanto cuesta se dibuje en nuestro rostro. Cuando veo las caras llenas de pequeñas arrugas o imperfectas, pienso que esas personas han estado a un paso de la felicidad, a un segundo de cerrar los ojos para siempre, de alcanzar esa estrella que hemos descubierto en nuestras mentes y que guardamos como un tesoro único. ¿Hay algún motivo para estar triste? Entonces, aún hay una posibilidad de estar a un paso de la felicidad, aunque no sepamos concretamente que es aquello, pero que en cada uno de nosotros esta presente y si no lo creemos así, basta cerrar los ojos para ver correr el niño que fuimos y que en cierto modo siempre seremos.

8 de enero de 2008

Jazmín

La tarde del 5 de enero ya caía. El sol se aprontaba para besar el mar, todo parecía tranquilo, acogedor. En la puerta de una iglesia vistiendo un impecable uniforme un joven esperaba ilusionado a su futura esposa, mientras regalaba abrazos y sonreía como siempre. Nervios y más nervios. Rostros conocidos, desconocidos, niños, jóvenes, viejos, pero todos felices. Ahí está el Altar, bajo la mirada amorosa de la Santísima Virgen y los padrinos, el novio, todos observan la llegada de la novia: una mujer hermosa, dulce que avanza tranquila por la nave central, aunque todas las novias son hermosas, está tiene una particular belleza, en instantes será la esposa de un amigo y que con seguridad traerá hijos al mundo y quizá comparta con todos la ilusión de ser madre y nuestro amigo se proyectará en la mirada de sus hijos. En medio de los pensamientos, me sorprende el Evangelio: "No tienen vino". "Mujer, no ha llegado mi hora" "Hagan lo que Él les diga" Es el relato de las bodas de Caná, una conversación íntima de la Madre con su Hijo, que al mismo tiempo es Dios y me hace pensar que como en aquel tiempo María atiende especialmente las necesidades de los esposos, tantas que vendrán, pero que nos invita a confiar, a decir que aún se puede ser feliz con pequeñas cosas y en que siempre contaremos con la ayuda de alguien que no vemos y sin embargo presente. Son tantas las sonrisas que recuerdo ahora, cada una de ellas son el mejor regalo que se puede recibir. A veces uno pide mucho para ser feliz, pero en ese caminar probablemente llena de ilusiones, la novia nos representaba un poco a todos, de una u otra forma nos mostraba que así se avanza en la vida, paso a paso, quizá no escuchemos una música de fondo, es entonces cuando se escucha el corazón y su latido nos hace más humanos, nos recuerda que necesitamos escuchar la voz de los que queremos y volver a ilusionarnos día tras día. Las palabras de la promesa fueron pronunciadas íntimamente. Sólo Dios sabe que hay en cada uno de los corazones y en cada una de las palabras y nosotros como mudos testigos observamos ahora una nueva mirada: es el encargo de Dios de cuidar el amor, de cuidar la vida, de mirar todo con Su amor. Así, bajo esta promesa, avanzan para celebrar, para compartir la alegría. La fiesta se extiende y en cada uno de los invitados ( invitadas) late un corazón: nos alegramos por ambos, compartimos vuestra alegría, damos gracias por regalarnos la risa, la fiesta, el baile.