La idea es que tu me mires y te pongas roja cada vez que pronuncie tu nombre y lo repita mil veces despacio, muy despacio, como si te dibujara con los labios, como si te soñara despierto. La idea es que tu me mires y me muestres esos dientes blancos y me vuelvas a sonreír pronunciando palabras irrepetibles, que me indiques con las manos como debo tocarte, como debo desplegar mis caricias en tu cuerpo. La idea es que me grites para despertar en tus besos. Es la idea. Pero en todos los casos es sólo una idea, porque lo nuestro esta prohibido para siempre y esta cubierto con el velo del sueño, con un manto de misterio. La idea, es que ahora pienses en, mí te sientas una princesa, sí, de esas con corona y vestido blanco, de esas que corren por el prado y que se sumergen en sus pensamientos y luego desaparecen. La idea es que vuelvas a reír y pienses que estoy enamorado y lo medites una y otra vez y lo sueñes y lo creas. La idea es que veas una estrella y pienses en que debes tener una y te sonrojes por ese hecho, que tu voz tiemble y que te estremezca viéndolas, imaginando que en algún momento tú serás dueña de mi corazón, dueña de mi alma, dueña de mi tiempo. Es la idea. Que lindo que es soñar.
23 de enero de 2008
16 de enero de 2008
A un paso de la felicidad
Cuando uno es niño quiere ser grande y cuando ya somos grandes, ya no queremos ser lo. Añoramos a ese niño que eramos, las cosas simples, los juegos que ahora nos hacen reír o simplemente aquellas travesuras o las cosas que se han quedado en nuestros recuerdos, como aquella vez en que se hacía por primera vez la escuela de verano en la Parroquia y nos llevaban de paseo casi todos los días y ese día cuando cerraron la calle y pudimos comer un pedazo de torta grande, pues antes de eso siempre fue un trozo pequeño. Los ojos se iluminan con esos recuerdos y al cerrarlos volvemos a ver a ese niño que fuimos. Entonces las estrellas eran sólo eso, estrellas y no andábamos regalándolas, simplemente colgaban del cielo. El corazón ahora se agita cuando pienso en todo el tiempo que perdemos en cosas innecesarias, sumidos en el dolor porque no sabemos vivir de otra manera o con la desesperación de no alcanzar nuestras metas y ese afán de algunos por imponer su criterio o esa actitud de otros de seguir siendo patrón de fundo, o de aquella verborrea y risas forzadas, sin saber que estamos a un paso de ser felices. No hay recetas generales para ser feliz, para lograr que nuestros ojos se iluminen, para que esa sonrisa que tanto cuesta se dibuje en nuestro rostro. Cuando veo las caras llenas de pequeñas arrugas o imperfectas, pienso que esas personas han estado a un paso de la felicidad, a un segundo de cerrar los ojos para siempre, de alcanzar esa estrella que hemos descubierto en nuestras mentes y que guardamos como un tesoro único. ¿Hay algún motivo para estar triste? Entonces, aún hay una posibilidad de estar a un paso de la felicidad, aunque no sepamos concretamente que es aquello, pero que en cada uno de nosotros esta presente y si no lo creemos así, basta cerrar los ojos para ver correr el niño que fuimos y que en cierto modo siempre seremos.
8 de enero de 2008
Jazmín
La tarde del 5 de enero ya caía. El sol se aprontaba para besar el mar, todo parecía tranquilo, acogedor. En la puerta de una iglesia vistiendo un impecable uniforme un joven esperaba ilusionado a su futura esposa, mientras regalaba abrazos y sonreía como siempre. Nervios y más nervios. Rostros conocidos, desconocidos, niños, jóvenes, viejos, pero todos felices. Ahí está el Altar, bajo la mirada amorosa de la Santísima Virgen y los padrinos, el novio, todos observan la llegada de la novia: una mujer hermosa, dulce que avanza tranquila por la nave central, aunque todas las novias son hermosas, está tiene una particular belleza, en instantes será la esposa de un amigo y que con seguridad traerá hijos al mundo y quizá comparta con todos la ilusión de ser madre y nuestro amigo se proyectará en la mirada de sus hijos. En medio de los pensamientos, me sorprende el Evangelio: "No tienen vino". "Mujer, no ha llegado mi hora" "Hagan lo que Él les diga" Es el relato de las bodas de Caná, una conversación íntima de la Madre con su Hijo, que al mismo tiempo es Dios y me hace pensar que como en aquel tiempo María atiende especialmente las necesidades de los esposos, tantas que vendrán, pero que nos invita a confiar, a decir que aún se puede ser feliz con pequeñas cosas y en que siempre contaremos con la ayuda de alguien que no vemos y sin embargo presente. Son tantas las sonrisas que recuerdo ahora, cada una de ellas son el mejor regalo que se puede recibir. A veces uno pide mucho para ser feliz, pero en ese caminar probablemente llena de ilusiones, la novia nos representaba un poco a todos, de una u otra forma nos mostraba que así se avanza en la vida, paso a paso, quizá no escuchemos una música de fondo, es entonces cuando se escucha el corazón y su latido nos hace más humanos, nos recuerda que necesitamos escuchar la voz de los que queremos y volver a ilusionarnos día tras día. Las palabras de la promesa fueron pronunciadas íntimamente. Sólo Dios sabe que hay en cada uno de los corazones y en cada una de las palabras y nosotros como mudos testigos observamos ahora una nueva mirada: es el encargo de Dios de cuidar el amor, de cuidar la vida, de mirar todo con Su amor. Así, bajo esta promesa, avanzan para celebrar, para compartir la alegría. La fiesta se extiende y en cada uno de los invitados ( invitadas) late un corazón: nos alegramos por ambos, compartimos vuestra alegría, damos gracias por regalarnos la risa, la fiesta, el baile.
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