Las cero horas del 18 de septiembre: unos músicos suben raudo sobre la tarima en que antes habían entonado cuentas y tonadas; ahora los sones del himno nacional llenan el recinto y al instante algo se apodera de nuestros corazones, nuestras mentes y es entonces cuando la voz se alza para cantar sin vergüenza las estrofas de la Canción Nacional. Es extraño, no se definirlo o mejor dicho no encuentro las palabras precisas para describir esa escena: gente de todas las edades, colores, ideas, todos entonando la canción que hemos cantado desde pequeños en miles de oportunidades con algo que recorre el cuerpo sin saber muy bien que es. Algunos dirán que es una forma de nacionalismo, pero ellos mismo no sabrían que decir. ¿Qué hace que las imágenes fluyan en nuestras mentes? Lo que sucede no es un simple "extraer" recuerdos, tampoco es un ejercicio nostálgico del pasado. Hay cosas que sólo se dicen con el corazón, con la simpleza de no saber nada de nada y dejarse sorprender por la vida misma. Los notas se apagan en medio de los aplausos y las sonrisas vuelven como viento fresco, el mismo que seguramente recorría la patria en aquel lejano - cercano - 1810.
23 de septiembre de 2007
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