23 de septiembre de 2007

Ellas I

Me sorprende su mirada, su ingenuidad, la simpleza de sus palabras y sus intentos por causarme un enojo con los consabidos argumentos del conservadurismo, no lo consigue porque al final de todos los caminos siempre hay un encuentro aunque sea en la muerte, mas siempre termina riendo o con un "yo decía no mas"... Ellas... Me mira y no puede dejar de dedicarme uno sonrisa. Ahora me encanta más que antes: una mirada prometedora, intensa; la extraño, no la encuentro. Hace unos días la escuché y supe que nada había que cambiado, mas que la imagen que cientos conocen, me queda el consuelo de saber que siempre me regala una sonrisa. Ellas... Esos ojos grandes me transportan, es como volver a esos días de la infancia, en que todos los ojos me parecían grandes, sobre todo los que he amado siempre. Ellas... todas esas miradas que me cubren, que me buscan, que me encuentran, que me pierden y luego, con la seguridad de un niño, inician la búsqueda. Ellas.

Puro Chile

Las cero horas del 18 de septiembre: unos músicos suben raudo sobre la tarima en que antes habían entonado cuentas y tonadas; ahora los sones del himno nacional llenan el recinto y al instante algo se apodera de nuestros corazones, nuestras mentes y es entonces cuando la voz se alza para cantar sin vergüenza las estrofas de la Canción Nacional. Es extraño, no se definirlo o mejor dicho no encuentro las palabras precisas para describir esa escena: gente de todas las edades, colores, ideas, todos entonando la canción que hemos cantado desde pequeños en miles de oportunidades con algo que recorre el cuerpo sin saber muy bien que es. Algunos dirán que es una forma de nacionalismo, pero ellos mismo no sabrían que decir. ¿Qué hace que las imágenes fluyan en nuestras mentes? Lo que sucede no es un simple "extraer" recuerdos, tampoco es un ejercicio nostálgico del pasado. Hay cosas que sólo se dicen con el corazón, con la simpleza de no saber nada de nada y dejarse sorprender por la vida misma. Los notas se apagan en medio de los aplausos y las sonrisas vuelven como viento fresco, el mismo que seguramente recorría la patria en aquel lejano - cercano - 1810.

2 de septiembre de 2007

En medio de la urbe del mall

La gente se pasea de un lugar a otro como si todo fuera a explotar en un segundo y es muy posible que sea de ese modo. A mi no me interesa en lo más mínimo: los guardias, los flaites, los cuicos, los lanas, las casi transparentes quinceañeras, las señoras, las guaguas, los niños rubiecitos vestidos con ropas de marca, los morenitos (como yo), los aternativos, los piolas. Es curioso como todos de una u otra forma intentan mostrarnos su mundo. Una joven me mira con cara de curiosidad. Le devuelvo la mirada, luego se va y antes de perderse me devuelve la mirada. Nuevamente me sumerjo en la tarea de describir a la fauna de la urbe. Es curioso, pero todos sonrien, todo se miran con desconfianza, pero nadie muestra los dientes, sólo un pequeño gesto de indiferencia, a lo sumo una mirada furibunda como queriendo decir: "que hace esta persona aca. Ya no hay un lugar para nosotros" y cada uno sigue su camino. La urbe del mall es así, un símbolo de la más absoluta indiferencia, pareciara que a todos se les olvidan los problemas. El aire acondicionado, las mesas del patio de comida o las vistosas bolsas de las exclusivas tiendas o las promocionales azules y rojas o los vistosos laptops y esas sonrisas de felicidad de la mano de un mack combo. Todo sigue igual, ¿para que seguir? La idea es partir lo más rápido posible.