8 de enero de 2008

Jazmín

La tarde del 5 de enero ya caía. El sol se aprontaba para besar el mar, todo parecía tranquilo, acogedor. En la puerta de una iglesia vistiendo un impecable uniforme un joven esperaba ilusionado a su futura esposa, mientras regalaba abrazos y sonreía como siempre. Nervios y más nervios. Rostros conocidos, desconocidos, niños, jóvenes, viejos, pero todos felices. Ahí está el Altar, bajo la mirada amorosa de la Santísima Virgen y los padrinos, el novio, todos observan la llegada de la novia: una mujer hermosa, dulce que avanza tranquila por la nave central, aunque todas las novias son hermosas, está tiene una particular belleza, en instantes será la esposa de un amigo y que con seguridad traerá hijos al mundo y quizá comparta con todos la ilusión de ser madre y nuestro amigo se proyectará en la mirada de sus hijos. En medio de los pensamientos, me sorprende el Evangelio: "No tienen vino". "Mujer, no ha llegado mi hora" "Hagan lo que Él les diga" Es el relato de las bodas de Caná, una conversación íntima de la Madre con su Hijo, que al mismo tiempo es Dios y me hace pensar que como en aquel tiempo María atiende especialmente las necesidades de los esposos, tantas que vendrán, pero que nos invita a confiar, a decir que aún se puede ser feliz con pequeñas cosas y en que siempre contaremos con la ayuda de alguien que no vemos y sin embargo presente. Son tantas las sonrisas que recuerdo ahora, cada una de ellas son el mejor regalo que se puede recibir. A veces uno pide mucho para ser feliz, pero en ese caminar probablemente llena de ilusiones, la novia nos representaba un poco a todos, de una u otra forma nos mostraba que así se avanza en la vida, paso a paso, quizá no escuchemos una música de fondo, es entonces cuando se escucha el corazón y su latido nos hace más humanos, nos recuerda que necesitamos escuchar la voz de los que queremos y volver a ilusionarnos día tras día. Las palabras de la promesa fueron pronunciadas íntimamente. Sólo Dios sabe que hay en cada uno de los corazones y en cada una de las palabras y nosotros como mudos testigos observamos ahora una nueva mirada: es el encargo de Dios de cuidar el amor, de cuidar la vida, de mirar todo con Su amor. Así, bajo esta promesa, avanzan para celebrar, para compartir la alegría. La fiesta se extiende y en cada uno de los invitados ( invitadas) late un corazón: nos alegramos por ambos, compartimos vuestra alegría, damos gracias por regalarnos la risa, la fiesta, el baile.

2 comentarios:

Pipe dijo...

Excelente Comentario !

Tienes un gran DON, escribes re lindo y eso se trasmite en las palabras que imprimes en cada una de tus líneas.

Eso es bueno y muy IMPORTANTE !

Sigue así, como eres un POETA !

Romina Leticia Millán F. dijo...

COMO UN PAJARO LIBRE

Como un pájaro libre, de libre vuelo,
como un pájaro libre así te quiero.

Nueve meses te tuve creciendo dentro
y aun sigues creciendo y descubriendo.
Descubriendo y aprendiendo a ser un hombre
No hay nada de la vida, que no te asombre.

Como un pájaro libre de libre vuelo
como un pájaro libre así te quiero.

Cada minuto tuyo, yo vivo y muero
Cuando no estás mi hijo, cómo te espero
Es el miedo un gusano, que me roe todo
Apenas abro un diario busco tu nombre.

Como un pájaro libre de libre vuelo
Como un pájaro libre así te quiero.

Muero todos los días, pero te digo:
No hay que andar tras la vida como un mendigo
El mundo esta en tus manos, debes cambiarlo
Cada vez el camino es menos largo.

Como un pájaro libre, de libre vuelo
Como un pájaro libre, así te quiero.