4 de abril de 2008

Libreta Negra

En mis días en Buenos Aires visité una gran librería en calle Santa Fe: El Ateneo, un antiguo cine convertido en un lugar impresionante. Ahí encontré una pequeña libreta negra, sencilla, pero muy hermosa. Es extraño, me sentí poderosamente atraído por ella y pensaba anotar todos mis pensamientos más secretos, aquellos que no se pueden o no se deben contar. Me imaginaba que ella pasaría a mis amigos y en una de esas, a alguien se le ocurriría publicar aquellos garabatos. ¿Qué anotaría en esa libreta? Los nombres de mis amigos, amigas, crónicas de viajes, los besos robados, besos regalados y las sonrisas y también las estrellas que he visto en los ojos de la única persona que he amado en la vida o las palabras que me ha dicho o simplemente las sonrisas que me ha regalado y todas aquellas que yo no regalé, los días de lejanía, los días de tristeza, los días de soledad, los días de furia, de pereza, simplemente los días. Anotaría el número de las noches en que su figura me arrancó un "Gracias Dios mío, sé que no merezco esto y sin embargo está ahí. Gracias Dios". ¿Y las aves que vi perderse en su mirada? ¿Y los ladridos del perro? ¿Y los cantos? Pensé entonces que era mejor anotar eso en mi memoria y que una vez al mes iría a mi libreta virtual para volver sobre esas páginas escritas ahí, lo único malo es que cada vez que lo hago puedo ver su rostro tan nítido como si el tiempo no hubiese pasado y repaso su sonrisa, sus manos, sus ojos y me duermo en ellos hasta despertar en la nebulosa que es mi vida. ¿La pequeña libreta del Ateneo de Buenos Aries era mágica? ¿Por qué pensé en aquel entonces que toda una vida cabía en unas cuantas páginas?

1 comentario:

Ilusionada dijo...

Cuando leo tus palabras, mi corazón llora desolado... ¿porqué no fui yo la persona privilegiada que recibió el regalo de tu amor?... ¿porqué no tuve yo la infinita suerte de inspirar tus deseos y palabras?... Y lo más desgarrador de todo es saber que jamás seré quien pueda despejar la nebulosa de tu vida.